Documentales

martes, 31 de marzo de 2026

Artículo de la Semana

 

 

 

 

 La Mujer que descubrió de qué está hecho el universo

 
 

 
 
 
 

Por: Irma Ustariz

Cecilia Payne-Gaposchkin

(1900-1979) fue una astrónoma anglo-estadounidense que revolucionó la astrofísica al descubrir que las estrellas, incluido el Sol, están compuestas principalmente de hidrógeno y helio. Su tesis doctoral de 1925, considerada la mejor de la historia, desafió la creencia de que la composición solar era igual a la terrestre.

Cecilia Payne, una joven de 19 años, estudiante de Biología en la Universidad de Brighton en Inglaterra. Después de asistir a una clase de física cuántica quedó tan enamorada con la astronomía que decidió cambiar de carrera. Para ese entonces en 1950 las mujeres no se les permitía ingresar a la universidad, sin embargo podían estudiar sin la opción de recibir ningún tipo de mención ni reconocimiento. Sus investigaciones y descubrimientos científicos eran avalados y firmados por hombres, lo que hoy en día conocemos  como plagio intelectual de algunas de las mujeres que realizaron  descubrimientos significativos en el avance de la ciencia.

    Cecilia Payne, La astrónoma que descubrió el elemento que mayor incidencia forma el universo es el hidrógeno un metal que se presenta como un gas incoloro e inflamable, para poder recibir el título de doctorado tuvo que sacrificar y crear incertidumbre el resultado, ya que de no haberlo hecho, no hubiese podido publicar su tesis y ser la primera mujer en recibir el título de doctorado en astronomía , el  su tutor le robó el crédito, que fue presentado para adquirir el doctorado en astronomía.

No obstante, el estudio de otros científicos, demostraron que la teoría de la astrónoma era comprobable y científicamente correcta, lo que obligó a su tutor a hacerle una breve mención en la publicación de su trabajo, Observaciones independientes acabaron demostrando que tenía razón. Su trabajo sobre la naturaleza de las estrellas variables fue fundamental para la astrofísica moderna. Este trabajo fue considerado en su momento como «la más brillante tesis doctoral escrita nunca en astronomía.

 Cecilia a los 24 años pudo demostrar en sus investigaciones que el universo estaba formado por el 76% de hidrógeno 26% de Helio y el 2% del resto  los elementos de la tierra, hasta ese momento científicos afirmaban que las estrellas tenían la misma composición del planeta tierra, sin embargo Cecilia, a través de sus experimentos encontró que los colores de las estrellas a través del espectro cambiaban de color, de acuerdo a la temperatura, pero el componente principal era el hidrógeno, presente en el mismo un millón de veces más que el resto de los demás elementos,

 

 


 

   

 

 

 


 

lunes, 30 de marzo de 2026

Relatos Cortos

 

 

 

El cuento del dios perdido

 



 

Por: Santiago Cambre Sol

 

No fue el primer sorbo el que lo despertó, sino el más apasionado, desesperado y agradecido. Ocurrió en un parpadeo, brevemente, como quien escucha un ruido y vuelve a dormirse.

Así empezó.

Los siguientes sorbos perdieron intensidad, pero aumentaron en número. Como una madre que te besa muchas veces para despertarte y sin prisa en que lo hagas.

Y cuanto más acudían a él, más forma iba tomando y mayor tiempo pasaba despierto.

Por algún motivo que jamás nadie —ni siquiera él mismo— se cuestionó, era grande. Humanoide. Un homúnculo gigante enterrado en la tierra que alzaba la mano con dificultad y les daba agua a su gente.

El agua que tanto necesitaban.

No tenía una conciencia desarrollada ni personalidad definida, pero su objetivo era dar. En la flor de su plenitud, podía y daba todo lo que tenía. Notaba su sangre formar parte del pueblo que crecía a su alrededor cada vez más. De sus habitantes, sus plantas y animales. Incluso de los ladrillos con los que construían sus casas.

Los pobladores excavaron más y le dieron paredes definidas de piedra firme. Su corona se convirtió en un sitio de reunión, donde todos acudían a compartir lo que para él solo podía ser la belleza y sencillez de la vida.

Tenía los oídos finos y disfrutaba de sus charlas. De sus historias y de sus sueños. Un día escuchaba cómo la hija del molinero pretendía casarse con el aprendiz del alfarero y otro que tal o cual conquistador pasaría cerca del poblado.

La vida era hermosa. Tenía una misión y la cumplía de sobra, por lo que, exceptuando quizás los niños y los ancianos, nadie le dedicaba más de un pensamiento, aunque eso no le molestaba. Tal vez le preocupaba un poco que su tamaño hubiera disminuido y que cada vez le costaba más servirles, pero tampoco era para tanto, ¿no?

Un día, conoció una emoción nueva. Algo que se instaló en su pecho devorando su tranquilidad e instándolo a vigilar.

Inquietud.

Los sentimientos más puros y primigenios suelen tener un mismo origen: amenazan la existencia o el estado actual de las cosas.

Ese día hizo algo que, en su complacencia, jamás había necesitado hacer.

Miró hacia arriba.

Contempló la sangre, el fuego y la ceniza.

Con ellos, llegó el miedo. Convulsionó de tal manera que se hizo un ovillo en el seno que durante tanto tiempo lo había albergado y gritó aterrorizado. Estaba en postura fetal. Temblando. La pena y el miedo lo desgarraban pedazo a pedazo. Mientras la duda y la injusticia, el "por qué" sin razón, atenazaban su pecho y su garganta. Un suplicio que solo una criatura recién nacida y abandonada bajo la lluvia podía conocer.

En un momento dado miró hacia arriba y vio cómo caía entre sus paredes el cuerpo de la nieta del alfarero.

Y entonces, junto al fuego y la ceniza, conoció la sangre y el olvido.

Despertó.

No sabía cuántas veces había pasado por el mismo punto.

¿Nunca habéis recorrido un camino de forma casual y una planta, una piedra o una grieta capta vuestra atención y pensáis “bueno, he ahí un detalle que seguramente olvidaré”? Pues había repetido sus pasos tantas y tantas y tantas veces que hasta era consciente de la velocidad a la que crecían las malas hierbas que agrietaban el suelo.

Llevaba tanto tiempo siguiendo sus propios pasos en la oscuridad que incluso percibía cómo el ruido del viento había ido perdiendo intensidad al transformarse la topografía de los alrededores.

Ningún tirano omnipotente ni mano gentil podía evitar o cambiar el hecho de que el desarrollo solía ir acompañado de dolor. Y él, desde su perspectiva, había sufrido mucho.

El paso de la complacencia inocente al terror y a la inconsciencia definió su carácter como el sílex golpeado para ser afilado.

El crisol de la vida.

Se despertó y miró a su alrededor confundido, encerrado entre los muros de su antigua corona, ahora taponada, y con la oscuridad como única compañía. Era el vestigio de su gran cuerpo, de un glorioso pasado y de una feliz infancia. Pero ya no era tan grande y se arrepentía de no haber valorado más su situación anterior. Lo que tuvo.

Había dado tanto.

Seguía viviendo gente por los alrededores, pero no acudían a él. Estaba solo, encerrado con sus pensamientos y no hacía otra cosa que no fuera pensar.

El olor de la bosta, el ruido de los niños, el martilleo de la forja. Participar en todo aquello había sido hermoso. Fueron buenos tiempos. Tiempos en los que jamás se planteó su identidad más allá de su función, pero ahora comprendía el potencial que aquellas personas tenían encerrado dentro de sí: uno que abarcaba tanto la mayor de las grandezas como las más grandes barbaridades.

Y él, en su celda, aprehendiendo la diferencia fundamental entre ambas razas, reflexionaba si estaba dispuesto a creer en ellos o no, cuando la vida volvió a ponerlo a prueba.

Un rayo de luz plateada atravesó la oscuridad y una moneda rodó a sus pies.

De inmediato, dos dedos de agua se alzaron sobre el barro del fondo, pero ningún cubo apareció para pedirle nada. En cambio, llegaron a él las vibraciones de una petición susurrada en voz queda. Como el sacerdote de voz profunda que sabe dónde colocarse en su templo, o el actor que conoce del anfiteatro el punto de mayor reverberación.

Él solo tenía que escuchar, y lo hizo. No distinguió las palabras, pero sintió el dolor y la pena por una madre que no podía levantarse de la cama y para la que no había esperanza.

Escuchó cómo el llanto contenido se convertía en respiración trabajosa y luego en leves gemidos puntuales debido a la dolorida garganta.

Finalmente, unos pasos empezaron a alejarse, y él decidió salir de su lacerante y amargo letargo para seguirlos, ya que por primera vez alguien lo requería fuera de allí.

Atravesó el terreno siguiendo la estela de lágrimas de aquella que, en su desesperación y sin saberlo, había conseguido sacarlo de su sopor.

Todo lo que le rodeaba se difuminaba en una neblina, a menos que él hiciera el esfuerzo de aclararla mediante su voluntad. Pero en ese momento nada de aquello le interesaba.

Llegó a la puerta de una vivienda y, todavía atraído por una congoja que le convulsionaba el pecho, empezó a rodearla hasta dar con una ventana desde la cual pudo ver el interior.

Vio a la persona que lo había invocado a los pies de una cama donde yacía su madre enferma.

Él aún no lo comprendía, pero la capacidad de percepción de su gente abarcaba más allá de los sentidos, y así fue que se hizo cargo tanto del hedor a muerte de aquella habitación como del intento de la hija por ocultar su dolor.

Sintió, más que vio, de qué manera la angustia era empujada profundamente hacia abajo mientras se solapaba con una mezcolanza de cariño, esperanza y un intento de humor, que servía de combustible para las dos primeras.

También se vio asaltado por los sentimientos de la madre y se maravilló de cómo resonaban poco a poco con los de su hija hasta estar ambas en sintonía.

La relación existente entre la simplicidad de los hechos, la complejidad de las emociones y la ilusión de las personas le hizo creer en el género humano. Por lo cual, y a riesgo de consumirse y desaparecer, apoyó una mano en el cristal de la ventana y entregó todo lo que tenía, sintiendo que se vaciaba como una tinaja rota.

Cuando se despertó, estaba de nuevo en el pozo. Débil. Pero no le importaba, ya que volvía a sentir una emoción que llevaba tiempo sin manifestarse: satisfacción.

No sabía si había conseguido curar a la mujer, pero estaba complacido de haberlo intentado. Por dar un paso y demostrar determinación, por lo que se levantó y volvió a acudir a la casa.

Durante el camino pensó en cómo se abría un nuevo abanico de oportunidades, en que podría volver a sentirse útil y en la enorme cantidad de bien que haría si conseguía llevar a aquellas personas hacia su pozo.

Dada su debilidad, no podía ir demasiado rápido, pero apenas lo notaba, pues sus esperanzas daban alas a sus pies y así, pensó, soñó y construyó enormes castillos en su mente, que se mantuvieron intactos hasta llegar de nuevo a la ventana.

 

Allí, todo se derrumbó.

La madre se había recuperado, ya sin los sudores ni el tono apagado de la enfermedad, pero estaba de rodillas acunando el cuerpo yermo de su hija.

Las emociones que lo asediaron desde la habitación eran demasiadas. Caóticas y abrumadoras: desconsuelo, desesperación y la presión que se instala en el pecho cuando no ves una salida.

Lo que él sintió fue un horror que lo devolvió al fuego y a la ceniza. Donde solo cabía una pregunta: ¿por qué?

Y mientras se la hacía, otra moneda cayó a sus pies.

 

sábado, 7 de marzo de 2026

Artículo de la Semana

 


 

Lisa Meimer

Una de las científicas más destacadas del siglo XX 

 


 

 

Por: Irma Ustariz

Sería reiterativo mencionar la exclusión de las mujeres en el desarrollo social, no solo en el ámbito científico y tecnológico, sobre todo en ocasiones en los que cada 8 de marzo, se celebra y se hace un reconocimiento en las efemérides internacionales, como el día de la Mujer, en ese día se difunde en todos los medios de comunicación los orígenes de ese aniversario en titulares, simposios, discursos, talleres…

No obstante, traer al presente los aportes y logros de las mujeres en el mundo y su contribución en la evolución de la humanidad resulta un poco complejo, ya que las mujeres han hecho hallazgos sumamente importantes que no son tomados como ejemplo a seguir en el ámbito científico, en la física nuclear, robótica y matemáticas por solo nombrar algunos de ellos, éstos hallazgos, han sido ocultados o plagiados por hombres y ocultados por intereses particulares o meramente sectarios,  avances positivos en el uso de la ciencia al servicio de la humanidad que permitieron que un mundo mejor de cooperación y colaboración entre los seres vivos que habitan en el planeta beneficiara a todas las especies, la arrogancia y la amnesia de sucesos suprimidos en la narrativa histórica no han sido divulgados con el suficiente rigor o tergiversados, para que las nuevas generaciones se vean reflejadas en estos ejemplos de figuras que lo dieron todo, para transmitir sus conocimientos con el fin de elevar la consciencia colectiva. Anteponiendo sus intereses personales en pro de investigaciones y descubrimientos científicos  más  loables y positivos hasta el punto de  oponerse a que sus invenciones sirvieran a  intereses mezquinos y negarse a participar en proyectos que podrían causar la destrucción masiva de la humanidad.

La Científica Lisa Meimer, nació en 1878 en Viena, en el seno de una familia de origen judío, ella se negó a colaborar en la  elaboración de una bomba atómica destructiva, para la humanidad, en realidad fue ella quien descubrió la fusión de la bomba atómica, su amor por la química y la física la llevaron a estudiar en la Universidad de Viena donde se doctoró en 1907, y sus compañeros la ayudaron a escapar, para evitar su persecución de los alemanes, trabajó con Mark Planck, fundador  de la teoría cuántica y padre de la física moderna quien desarrolló la teoría de los la emisión de la energía emitida en unidades discretas llamados “cuantos”.

Lise Meitner fue una física austriaca que investigó la radiactividad y la física nuclear. Formó parte importante del equipo que descubrió la fisión nuclear, un logro por el cual su colega Otto Hahn recibió el Premio Nobel. Aunque el premio Nobel por este proyecto le fue dado a Otto Hahan, éste ni siquiera la mencionó, a Lise Meitner en el que ambos descubren un elemento radiactivo denominado protactinio.

Formó parte del equipo junto a Otto Hahan, que descubrió la Fisión Nuclear, la interpretación de Lisa fue la que hizo avanzar el proyecto, Aunque Meitner fue la primera científica que proporcionó la explicación de la fisión nuclear del uranio en términos de la física teórica no fue mencionada por Hahan.

        Meitner, fue nominada 48 veces al Premio Nobel, por diversas instituciones y compañeros científicos, aunque sus contribuciones a la ciencia en la energía nuclear siempre fueron con fines evolutivos para los avances en el desarrollo de la medicina, ciencia, que dio origen a la electricidad y tecnología al servicio de mejoras innovadoras, nunca le fue otorgado el premio. Sin embargo, El elemento químico con el número 109 en la tabla periódica, meitnerio, fue nombrado así en su honor.

El meitnerio (Mt), un metal de transición sintético y extremadamente radiactivo, descubierto en 1982 en Alemania. Pertenece al grupo 9 y periodo 7, situándose debajo del iridio. No tiene usos comerciales ni naturales, y su isótopo más estable conocido, el, tiene una vida media de 4,5 segundos. Visión general creada por IA

A Meimer también se le reconoce como la madre de la bomba atómica, el cual no era de su agrado, ya que fue invitada a participar en la creación de una bomba con fines destructivos, en lo que se llamó el proyecto Manhattan liderado por EEUU, en el que participaron científicos de renombre como Otto, Einstein y Planck, entre otros científicos destacados de la época.

Las palabras de Meitner,  quien amaba su trabajo rechazó tajantemente colaborar con el proyecto no quería tener nada que ver con la fabricación de una bomba, fue la única física nuclear que no aceptó y se oponía irrestrictamente a las armas nucleares pretendía que la energía nuclear debía ser usado con fines pacíficos. Escribió un manifiesto a sus colegas científicos pidiendo a sus colegas que reflexionaran sobre las consecuencias y no se sumaran a esta terrible causa. Y los daños irreparables causados a la humanad.

    En la actualidad es considerada la madre de la fisión nuclear, durante su desempeño como científica, dio numerosas conferencias a favor del control del armamento nuclear y la defensa de la igualdad de género, y de la participación de las mujeres en todos los campos de la ciencia, ya que ella fue excluida de laboratorios y de universidades donde llevaba a cabo sus investigaciones, excluida por ser mujer su trabajo  no era remunerado por sus contribuciones y descubrimientos.

En su epitafio, su sobrino, Otto Price, dejó escrito “lisa Meitner, una física que nunca perdió su humanidad”.

 


 

    En el contexto actual del desarrollo tenológico el 7 de marzo de 2026, la ingeniera, Caitilin Kalinowski, ex directora de robótica y hardware de consumo de OpenAI, renunció a su cargo debido a que la empresa y el Pentágono firmaron acuerdos, para el uso de IA, para la vigilancia masiva y la autonomía letal de su aplicación sin autorización humana. El acuerdo firmado a finales de febrero preve el depliegue de modelos avanzados de inteligencia artificail en redes clacificadas del Departamento de Defensa de EEUU, el debate del uso el IA en la defensa nacional y los límites éticos en la industria tecnológica,

 

 

 


 

 

 

Anteriores Artículos